sábado, 4 de octubre de 2014
jueves, 21 de noviembre de 2013
EL NOVIO (DIVIDIDO EN 3 SÍLABAS)
Novato el que se inmola ante un espejo,
alimentando su ego desde su entrecejo.
Invoca con suspiros poder seguir su cortejo,
esperando no ser recordado como un pendejo.
Es de esperarse, se quiebra el vidrio,
al escuchar erupciones mentales
de todas las ilusiones banales,
que un alma quebrantada le causa en delirio.
Apareando su cara para buscar similitud,
busca perfección mientras finge demencia.
No tiene ni una pizca de salud mental
y vomita recuerdos que etiqueta como memorias.
La psicología le jugó una mala pasada,
le dejó inmerso en tristeza,
apretó el gatillo de su ignorancia.
¿Cómo terminar una historia sin comienzo?
Para cuando eleve su último aliento,
quizá con más fuerza le extinga el viento.
Ya postrado en el suelo,
lanza un grito al cielo.
“No lo hagas, no le póngas sentimiento…”
domingo, 22 de septiembre de 2013
Tomar un Café en esta Tacita de Plata

Tomar un Café en esta Tacita de Plata
¿Nunca has tomado un sorbo de café en las “ciudades élite” y
te ha asombrado el sabor? ¿Te has preguntado que le otorga ese olor y sabor tan
característico? Pues bien, ese sabor y olor característico es de Guatemala.
Seguro si te lo has preguntado estando en otro país, ahora estarás pensando en
donde puedes disfrutar del mismo sabor sin viajar grandes distancias. Guatemala
es un país lleno de color, tradiciones y diferentes culturas. Se le denomina
multiétnico y las comidas y diferentes sabores que se le brinda en cada una de
las 8 regiones, le hace un país característico y dependiente de su gente. Se
ubica entre los primeros 10 países más felices del mundo. Las y los
guatemaltecos, a pesar de adversidades, son personas que luchan y trabajan con
afán de conseguir lo que desean.
Fuera de cualquier otra cosa, es un país que cuenta con un
suelo altamente fértil, gracias al buen tratamiento de las manos trabajadoras
de los agricultores que las aprovechan día a día. Lejos de ser una casualidad,
es un regalo de los dioses mayas a sus hombres de maíz. Tierra sagrada de los
ancestros, que dejaron una huella de abundancia en ellas. La ventaja de este
hecho, es que el café es el segundo producto más comerciado en el mundo después
del petróleo. No fue sino hasta mediados
del siglo XVIII, que durante el l.bnvevamiento de la Catedral a la
categoría de Metropolitana en la ciudad de Guatemala.
A partir de
esa fecha, su consumo ya no solo era medicinal, sino como bebida. Se empezó a comercializar con otros países y
en 1915, recibió el primer galardón como el mejor café. Sus características
varían dependiendo de la altitud, suelo, temperatura, nubosidad y régimen de la
región en que se cultiva. En el país es una experiencia diferente deleitarse el
paladar con un café. A diferencia de otros países, en Guatemala se disfruta
casi a diario con pan dulce de manteca, el cuál es remojado para luego comerlo.
La cultura de consumo para este producto tiene cada vez más demanda, y los espacios
públicos en que se encuentran bares o espacios de café son cada vez más y más.
La demanda del café ha crecido tanto en el pleno de
exportación como de consumo interno en Guatemala, y esto ha generado, desde
luego, que la producción aumente. Es parte del país y sea el lugar que sea, las personas lo consumen
igual, disfrutando de sus excepcionales propiedades naturales. La ciudad de
Guatemala no es la excepción, y en cualquier oportunidad, ya sea de negocios,
de momentos de tranquilidad o de ocio, el café se hace presente en centros
comerciales, hoteles y hasta universidades.
En los 192 años de independencia de Guatemala, la
referencia del café es importante para conocer que es parte de la cultura del
país. Es un elemento que ha acompañado la evolución del mercado y competencia,
colocándolo como el mejor exportador a nivel mundial, además de brindar una
marca única y diferencial. Ya que se celebran 192 años de libertad, son también
192 años de sabor. Más que un concepto histórico o de regalo, la libertad
representa para Guatemala una oportunidad de ser el reflejo de toda una
civilización, en pleno centro de américa, cuenta con una admirable cantidad de
flora y fauna que contribuye con su belleza.
Para celebrar junto a otros 15 millones de guatemaltecos,
nada mejor que brindar con un buen café, ya sea frío, caliente, con o sin
azúcar. Es una invitación a provocar un buqué exquisito, sentir un olor único y
olvidar que existen problemas y complicaciones. Los colores del país, la
alegría de su gente, el olor y sabor único de cada clase de café y un vistazo a
los bellos paisajes del país es sin duda la mejor experiencia que podemos tomar
en cuenta, y también una invitación a tomar en Guatemala, lo que sale de
Guatemala.
lunes, 26 de noviembre de 2012
- MIEDO -
Tengo miedo a vivir, pues nunca he muerto.
Tengo miedo a idear, pues nunca me han asaltado.
Tengo miedo a escupir, pues nunca me han bañado.
Tengo miedo a fracasar, pues nunca he aprendido.
Tengo miedo a caminar, pues nunca he gateado.
Tengo miedo a señalar, pues nunca he quebrado espejos.
Tengo miedo a cometer, pues nunca he sido exonerado.
Tengo miedo a pedir perdón, pues nunca he sido perdonado.
Tengo miedo a soñar, pues nunca he sido libre.
Tengo miedo a amar, pues nunca he mentido.
Tengo miedo a ser padre, pues nunca he sido hijo.
Tengo miedo a escapar, pues nunca he estado encerrado.
Tengo miedo a beber, pues nunca he estado sobrio.
Tengo miedo a hundirme, pues nunca he destacado.
Tengo miedo a escuchar, pues nunca he hablado.
Tengo miedo a acelerar, pues nunca he frenado.
Tengo miedo a descansar, pues nunca he estado exhausto.
Tengo miedo a alucinar, pues nunca he visto la realidad.
Tengo miedo a lamentar, pues nunca he disfrutado.
Tengo miedo a perder, pues nunca nada he tenido.
Tengo miedo a respirar, pues nunca he suspirado.
Tengo miedo a temer, pues nunca he asustado.
Tengo miedo a discutir, pues nunca me he callado.
Tengo miedo a morir.
- Siempre hay una primera vez.
martes, 25 de septiembre de 2012
Narración de un Sueño (Abreviado)
Narración de un Sueño (Abreviado)
Te soñé aquí, a mi lado: suave, aterciopelada. Toqué con mis
manos tus cabellos y mis motivos se volvieron más austeros cuando caí en la
cuenta que mi modestia de tenerte en mis pensamientos me limitaba a tenerte
físicamente. Mi empedernido gusto por lo difícil me llevó a cometer un crimen
contra la fragilidad de nuestros sentimientos y es allí donde entras en escena.
Recosté mi cabeza, llena de tumores y vacíos que olían a
veneno, a resaca de los besos que nunca me han regalado y al amor que temo por
no haberle encontrado, o no haberme encontrado.
Libre batallas contra la amnistía del amor ciego, logrando opacar
algunos sentimientos que flotaban a flor de piel. Todas las noches esperaba mi
almohada, recibir algún despecho, una lágrima o una mirada. Nunca pensé que
fuera un sueño, y por eso alcé mi voz contra los tormentos de la esperanza que
esparcían mis ojos. Cargaba sobre los hombros un pequeño cartel, llamándote a
gritos y pidiéndote que lo vieras. Era de noche y yo lo miraba claramente,
íbamos frente a unos árboles de eucalipto y solo veía la tierra en mis zapatos.
Nunca había estado más solo que cuando huía, del
apoderamiento del territorio blindado de tu alma, nada sobrepasaba mis barreras
sentimentales, y sin embargo allí estabas, sentada en una esquina de ese
recuadro negro, sin luz, opaco pero difuminado justo en ese sitio. No se si
eran tus ojos, si eran los míos, conseguía divisar tus labios, mas no los míos.
Todo fue en vano, quizá el amor no existió. Si lo hizo, una semilla en mi habrá
dejado, mas si siempre me obvió, nunca le buscaré. Quiero destronarle esa
corona, aunque besarte sea mi única compasión.
M.
M.
No eran arte las lágrimas hasta que rodaron por las
mejillas. No eran arte los ojos hasta que les retrataron. El tiempo, decía mi
abuelo, debería ir en avance desde que aparecieron. Antes de ellas, no había
quien sintiera olor a las rosas, quien empalmara a la perfección la emoción y
los sentimientos. Antes de ellas no nacíamos, solo aparecíamos bajo un árbol,
que mecía entre sus brazos nuestras añoranzas.
Benditos los ojos que las retratan, que las han usado para
imaginar mundos idealizados de color. Benditos los oídos que quedan sordos al
sentir el suave vapor de sus respiros. Benditos los ojos que se han cerrado,
pues lo que imaginan y sueñan es lo que ven cuando están, y no están presentes.
No bastan las palabras, mas la naturaleza me lo ruega, pues son el condimento
para embellecerlas.
Ellas, que no necesitan capullo para embellecer, ni alas
para volar sobre las cabezas, no necesitan que posen sobre sus manos, las
muestras de amor. Transforman en arte todo sobre lo que se reflejan y estas
ventanas de mi alma que las reflejan, se llenan de color, artilugios y refugio
de nuestra inspiración.
Tomar un dedo con elegancia no tenía tanta satisfacción, y
unos labios que hablan por si mismos, que siguen tratando de explicarnos su
función, mientras unen nuestro motivo de su movimiento. Bella y tersa piel,
sobre la que resbala el agua y posan mis más bellas emociones.
Páginas escritas bajo sus nombres, música que suena al son
de las notas de su voz. Torrente y puente desde la algarabía del corazón. No
era música la voz hasta que endulzaron nuestros oídos con pasión y hablaron
sobre la relación de su lado más virtuoso y su condición del corazón.
Las hay de todos tipos: altas, bajas, sonrientes y serias.
Caprichosas, reservadas, amorosas y compasivas. Las hay de ojos grandes,
pequeños, rasgados y exclamativos. Se hace difícil describirles, mas su rasgo más
característico es el corazón. Aquello que pocos hombres ven y algunos confunden.
Algunas que empalagan y otras que engolosinan, mas lo importante de las
sonrisas es que sean el motivo y del llanto implorativas, cuando honra no se
les hace a la significancia de su presencia en nuestras vidas.
Belleza, ese término análogo de sus caricias y las
terminaciones nerviosas no revelan, sino una serie de consecuencias, todas
ellas con lesiones que solo ellas producen y solo ellas pueden curar. Así es
pues, el amor de unas doncellas, aquí en la tierra llamamos mujeres y en
nuestros desvelos inspiración, mas por mí solo habrá una a la espera, que no vacila
su intención.
El Aeropuerto de las Vasijas
El Aeropuerto de las Vasijas
La cultura se consume de energías, y a la vez es igual,
hablando sintéticamente. La cultura no se crea ni se destruye, solo se
transforma. Desconocemos el origen de la energía, como también el de la
cultura, y sin embargo movemos los pies y saltamos, abrazando la bruma que
esconden los destellos de un rey que nos rodea.
En el aeropuerto todos parpadean cada vez menos, y pequeños
organismos danzan al son de tambores que entorpecen a todos, haciéndoles trepar
muros, pues todos tenemos manos, pies, piernas y brazos, mas nadie danza como
esos organismos evolucionados que parecen ser tan flexibles como las ramas de
las gerberas. No se me ocurre otro
nombre, quizá porque por suerte lo he escuchado de boca de mi madre, que
bendita y me trajo hasta aquí, donde la tierra, el aire, el fuego y el agua se
vuelven uno en perfecta simetría y armonización. En almas envueltas en cuerpos, que capa tras
capa son menos naturales y aunque no deseamos desvestimos a gusto y placer.
Siguen las vueltas y danzas, sonrisas y manos retumbando, ya
sea una con una, o una con tambor. Tambores que fueron sacados al aire libre, y
que como toda costumbre humana, queda opacada por un ente no menos natural,
pero si menos alentado por la cultura. De esos antagonistas que miran a un
pianista y le cortan las manos, miran a un pintor y descabellan la madera de
los pinceles, miran gente sonriente y armonía y se quejan de lo que respiran,
de lo que huelen, de lo que miran. Extraños entes que con el poder del metal y
pólvora desventuraron a nuestros ancestros, acallando a las vasijas para
cambiarlas por lo plástico y menos convencional.
Aquí el olvido deja de estar tuerto y el culto es aprendiz
del poder, que cuando llega a los límites, observa sobre el hombro su entorno,
no para cargarle como un anda solitaria, sino para ofrecer un motivo para pedir
permiso y brindar libertad a quienes bailan, aquí, en el aeropuerto.
Mientras algunos despegan, otros mas se alientan con la
única necesidad del sonido, agotando la creatividad sonora para no oír
retumbos, camiones o pólvora mezclada.
El poder no pide permiso, mas acalla a quienes le acechan.
Callaron el sonido y todo a su vez se aleja. Mientras nos pares de ojos
deambulan por en medio de los jardines, el baile sigue y todos imaginamos un
escenario. Cerraron los tambores y ya solo vemos cabizbajos que no les miran,
pierden en cultura y ganan en olvido.
Ahora ya solo admiran cuerpos sin pintura, que con un par de
trapos limpian las vasijas de los ancestros enclaustrados en los tambores
silenciados, que formaron cultura – me tuvieron aquí sentado - formaron la energía.
Tapar los oídos no mata ni calla el pensamiento, sea insana nuestra herida y en vano nuestro aliento. No pedimos adquirirla, y tampoco queremos perderla, mas el poder a hierro mata, estando seguro que no habrá para él extinción.Que no maten la cultura, que no callen nuestros tambores, que no rompan las vasijas, y aunque lo hagan, sean quienes gritan y alzan la voz a favor de la cultura quienes bailen seguros con el viento a su favor.
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