martes, 12 de junio de 2012

El sacrilegio de nuestros problemas

El sacrilegio de nuestros problemas



No es que nos fallemos. A veces, la mejor solución es un problema. ¿Cómo entenderíamos que todo está bien si no existieran? No diríamos que “todo esta bien”, sino “todo es normal”. Como la sombra existe gracias a la luz, así los problemas son parte de la vida.

Confiamos en nosotros, y cuando aparecieron nos desesperamos. Ya éramos grandes, nos conocíamos por dentro. Vimos todo perfecto y olvidamos que tenemos piernas al caminar. Vimos todo plano, olvidando que a lo lejos se confunden las piedras con el horizonte. Corrimos confiados y tropezamos de espaldas. No sangramos pero tampoco reímos. Allí nos quedamos esperando a quien nos levantará, y pusimos de excusa que queríamos quedarnos tirados, viendo el sol y las nubes, sin pensar en que – aunque no es malo – desaparecen y entra la luna y las estrellas en primer plano. Tuvimos sed y hambre, pero dijimos “todo está bien, seguimos respirando”.

Como olvidamos que tenemos piernas, así olvidamos también que tenemos brazos. Ya acostumbrados a que nos ayuden de alguna forma, allí nos quedamos, confiando en todo aquello que teníamos. Pasa un avión cerca, solo diciendo “problemas”, letra por letra en cada ventana de pasajeros. Rodamos cuesta abajo, hundiéndonos más sin dejar huella. Seguimos confiando y también olvidando. No nos atormenta, todo es “planeado”. Nadie nos enseñó a confiar, pero tampoco a olvidar. Y es que olvidar es todo un proceso, pero las piernas y brazos siguen allí, aquí. Entonces empiezan los sonidos, las voces, la conciencia, el miedo resignado y nuestros ojos llenos de mares de lágrimas. Hablamos por dentro y preguntamos: “¿Qué hicimos mal?”, sin descubrir lo sencillo; sencillamente cerramos los ojos pero “nunca nos levantamos” y el mar de nuestros ojos se desborda.

No era una montaña, era una pequeña colina. No era una piedra, solo nuestra sombra bajo la meta. No era el horizonte, era nuestro premio, y el “problema” no era “problema”. Nos confiamos de todo, menos en nosotros. La vida nos daba un premio disfrazado de traspié.

“El sacrilegio somos nosotros, en lo que no confiamos después de todo”.

1 comentario:

  1. Hay un libro muy bonito al que me han recordado tus palabras... " "Quién se ha llevado mi queso?... Los problemas están ahí para demostrarnos lo mucho que queremos algo. Gracias por este bonito texto e intentaré no fallarme ;)

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