sábado, 9 de junio de 2012

Oscuridad, ¿a qué le tememos realmente?

Oscuridad, ¿a qué le tememos realmente?


Todos los días despertamos, algunos después de tener los ojos plegados 7 horas, algunos otros 12, y otros pocos (mas no locos), 2 o 3 horas que les son suficientes para echar a andar los sueños. Al igual que todos ellos, todos dormimos cierta cantidad de horas, pero "con los ojos abiertos", a la expectativa de que se cumplan nuestros sueños, moviendo las manos del aire para quizá verificar que no estamos volando.

Esto es típico en cualquier humano, al igual que el cierto miedo que a veces compartimos por la oscuridad. De pequeños, quizá la mayoría de nosotros temíamos ir a la cama solos, a que se cerraran las puertas o tan solo a que dejáramos de ver la luz a través de las ranuras de las puertas.

También hay personas que siguen temiéndole aun siendo mayores, y ciertamente confundimos la oscuridad con algo místico y hasta maléfico. Trastornamos los sentidos y solo decimos que la luz es la verdad y la oscuridad algo más allá de “lo que no vemos”. No dependemos de pensar así, aún si es el pensamiento popular y objetivo, pero también esconde algo que a todas luces, valga la discordancia de términos, nos defiende. Y es que, viendo lo común y natural que es cerrar los ojos para dormir, lo es también para cualquier ser humano cerrar los ojos cuando un puño, una patada e incluso una pequeña mosca se acercan al rostro. Quizá sea parte solo de los reflejos, pero aun así, los ojos se cerrarán por un momento, (no necesariamente por 2, 3, 7 o 12 horas), y nos sentiremos mejor. Nos desinhibimos de la advertencia que se nos presenta y estamos preparados para abrir los ojos de nuevo.

Al ver que nos desinhibimos, debemos ver que cuando cerramos los ojos, no vemos más que oscuridad: nuestro ser. A lo mejor si nos vemos por dentro, y esa es nuestra realidad, lo que escondemos tras la carne, la oscuridad vaya más allá de lo místico o “lo que no podemos ver”. Nosotros vemos oscuridad, pero ya con otro sentido.

La pregunta de todo esto apunta al título: “¿a qué le tememos realmente?”, ya que ciertamente, todos le tenemos miedo a algo, pero incluso si no hay nada más que ver, cerramos los ojos, lo mismo si desmayamos o si dormimos. Alguien que le tema a la oscuridad nos lo podría explicar mejor, pero por ahora solo nos queda divertirnos pensando que la oscuridad es, a la vez, amiga y no porque “el mal esté con nosotros”, sino porque nos resguarda en estos momentos de pánico.

No se responde la pregunta porque lo inexplicable quizá esté ante nuestros ojos, y si se lee esta entrada con más atención, quizá se entienda si decimos que “a lo mejor aún somos pequeños”, “objetivos” y que debemos abrir los ojos.

También vale la pena pensar que quizá es por eso que al presionar con fuerza los ojos, vemos todo un festival de pequeñas luces por dentro, o es la imaginación que explota dentro de nosotros.

En fin, “en fin el miedo es de ver o no ver”, y nosotros, “así vemos las luces en el día y en la noche. No queramos tratar de desprender los ojos, si lo único que veremos entonces será vacío. Abramos los colores, abramos los ojos.



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