La resaca de nuestras acciones
Dejamos el agua por un trago y la comida por dinero, mas el
aire con nada le reparamos. Dejamos el amor por vanidad y deseo, el cansancio
por eterno descanso y ese sentimiento de quedar atrapados como pequeños
meteoritos en la órbita de nuestra cama. Dejamos las cosquillas por enfado y
los besos por puñetazos. Dejamos las
letras por balas y los abrazos por cateos y retenes imperfectos. Dejamos el
aire por el olvido y los saludos por peleas.
Después de conservarnos por varios años, coincidimos en
pocas cosas. Las generaciones no cambian el tiempo, sino el mismo tiempo cambia
las generaciones. Un apretón de manos se volvió ofensivo y escupir en la cara
un performance artístico- No dejamos la fama, pues dejaríamos olvidada la
cartera, y no dejamos la música porque nos perderíamos nosotros. Todos abren
los ojos a aquello que les conviene, y nos tapamos los ojos ante la realidad.
Tememos desprestigiarnos solo por vanidad y el mismo error
cometido ayer nos apalea noche a noche hasta que se presenta el sol por la
mañana.
Por experiencias se basan nuestros supuestos (sueños), y los
caminos se enfrentan en la explanada de nuestras frustraciones, hasta que
terminamos siendo soñadores empedernidos con ganas de no romper las reglas aun
su romperlas es una de ellas.
Ayer precisamente bebieron las acciones, y se las tomaron
tan enserio, que terminaron con efecto somnífero ante la expectativa de ser más
allá de una experiencia. Se levantaron al día siguiente con necesidades más
grandes, y lo específico es ahora solo un complemento de lo básico.
Realmente creímos ser superiores, pero entonces vimos como
no conocemos lo que hay al fondo del mar, y todo lo posible que hicimos se
resume en esas acciones, esas que hemos cambiado. Pero, ¿la experiencia?, ¿cómo
podemos confiar en errores? Bebieron las acciones y hoy son realmente
problemas; tomamos enserio: tenemos resaca.
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